Sí, es difícil. Ver de lunes a viernes cómo te acercas a otras dándoles el cariño que antes me dabas a mí, es duro. Me cuesta no llorar cuando estás hablando conmigo, sonriéndome, riendo, y de repente pasa ella y me olvidas. ¿Quién soy yo, cuando hay otra con mejor cuerpo cerca? Nadie, no existo. Aunque no lo creas, se me hace bastante duro. Sé que puedes pensar que no tengo motivos para sentirme así. No eres mi ex, no he salido nunca contigo. Ni me has besado. Ni siquiera has llegado a quererme, o hemos sido mejores amigos de los que quedan día sí y día también. Por no ser, ni siquiera hemos quedado solos afuera del colegio. Pero, no me preguntes porqué, se me hace insoportable. Alomejor es a eso a lo que llaman amor, no lo sé. Lo único que te puedo confirmar es que esto es muy duro. Tener que aguantárme las lágrimas cuando veo que estás con ella abrazado, justo como lo estabas antes conmigo. Ver cómo ahora ya no estamos apoyados el uno en el otro en las clases, jugando a tonterías, o escribiéndonos estupideces en nuestras manos en las que yo llevaba tu anillo, porque tú me lo dejabas siempre. ¿Porqué se acabó? ¿Quién tiene la culpa, tú o yo? Quizá ninguno de los dos. A veces suceden cosas y nadie tiene la culpa. La felicidad no es eterna, ¿sabes? Y a mí se me acabó hace unas semanas, cuando no sé qué pasó.
Antes de todo esto, llegaba a las ocho de la mañana y me saludabas o me dabas un abrazo. Entre clase y clase, estábamos abrazados, jugando, buscándonos las cosquillas o simplemente riendo. Si había alguna actividad como ir a ver una exposición o algo así, tú siempre estabas a mi lado. Solías sonreírme sin motivo cuando me veías por los pasillos, aunque estuvieras con tus amigos. Esa sonrisa, ese pequeño gesto insignificante, a mí me hacía feliz. Era totalmente consciente de que no me querías como nada más que una amiga, pero almenos tenía la certeza de que te importaba un poco. Aunque sólo fuera poco. Pero esa certeza se me acabó.
Antes, incluso todo el mundo nos preguntaba si estábamos saliendo juntos, si había algo entre nosotros, imagínate si nos llevabamos bien. ¿Quizá será por eso que te distanciaste de mí, por los rumores de la gente? Ahora se me han acabado tus dosis de cariño. Te pido el anillo para llevarlo una clase, y me dices que no. Te voy a dar un abrazo, y no pones de tu parte. Me ves llegar a las ocho de la mañana, porque sé que me ves aunque te hagas el despistado, y apartas la mirada de mí sin siquiera sonreír.
Seguimos sentándonos juntos en todas las clases, pero ahora no es como antes. Yo pensaba que estabas ahí porque querías, es decir, que si te decían de cambiarte de sitio dirías que no, para quedarte conmigo. Ahora, tengo la sensación de que, si pudieras, huirías de mi lado. No tengo ni idea de qué ha pasado para que ahora entre nosotros todo sea así, pero solo sé que no soy todo lo feliz que podría ser.
Si no he muerto ya desangrada por esta herida, es porque sigues estando a mi lado en las clases, 25'30 horas semanales exactamente. El roce de nuestros brazos en todas las clases me hace algo parecido a feliz, no sabes hasta qué punto, pero ahora me invade el miedo de que eso también se acabe, como se acabó todo lo demás. El tiempo supongo que decidirá. De lo que estaba en mi mano, ya lo he dado todo, ahora, faltas tú.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario