miércoles, 30 de diciembre de 2009

¿Por qué le quiero?

Como siempre, voy dando una vuelta con unos amigos. Como siempre, en algún momento de la conversación, no puedo evitar hablar de él. Hasta ahora todo era como siempre, como suelen ser las tardes desde que él apareció en mi vida para quedarse una temporada. Pero, en el momento en que yo hablaba de él, uno de mis amigos me hizo una pregunta que nunca me habían hecho antes, que todavía no sé contestar con certeza. "¿Qué le ves?", me dijo. Se me pasaron tantas cosas por la cabeza... Ellos, al no contestar, pensaron que ni yo misma sabía qué le había visto, que no sabía porqué le quería, o que simplemente no quería contestar. En realidad, sabía perfectamente qué fue lo que me enamoró de él, pero no encontraba las palabras necesarias. "¡Excusas, no nos lo quieres decir!", me repitieron una y otra vez. No era una excusa, en mi mente estaba la respuesta, pero no sabía cómo expresarla con palabras.
Siempre que me había gustado un chico, en algún momento me habían hecho esa pregunta, y todas las veces supe contestar. Pero, ¿por qué esta vez era distinto? ¿Porqué no supe contestar?
No le quiero por su pelo. No le quiero por sus ojos azules. No le quiero por su físico. Tampoco le quiero por su forma de ser. No le quiero por algo en concreto, sino por ser él.
Cuando estoy haciendo cualquier cosa y no sé que él está cerca y, de repente, noto su olor, la manera en la que se me acelera el corazón y se me forma un nudo en el estómago. Lo bien que me siento cuando estoy con él, cuando me hace reír, incluso cuando se mete conmigo de bromas. Cuando estoy deprimida por algo y nadie puede hacer que deje de llorar, entonces me siento en mi pupitre y él se queda a mi lado, y me transmite una tranquilidad que nadie más me había transmitido. Él hace que yo quiera ser mejor, que me proponga estar guapa cada día, que no me rinda al luchar por convertirme en la persona que quiero ser.
Suena cursi, pero no hay más, ¡es único! Mucha gente piensa que es inmaduro, rancio, borde, insoportable. Pero eso sólo es su comportamiento con los demás. Estoy con él 25 horas semanales, y no es así. Es totalmente lo contrario, es responsable, atento, inteligente, cariñoso, se preocupa por sus amigos... Es todo lo que en mis sueños deseaba. Es lo que crea mi felicidad. Es Es quien me da fuerzas. Es quien me hace pensar en positivo cuando lo veo todo negro. Es... es él.

Como se puede comprobar con este texto, sigo sin saber responder a la pregunta, pero sólo sé que lo que siento por él esta vez es fuerte. Es la fuente de mi energía, lo que me da fuerzas para luchar por lo que quiero... la persona que me podría dar la felicidad completa si él quisiera.

Si volvieran a hacerme esa pregunta, buscaría una respuesta corta, más o menos parecida a ésta.
"Cuando nacemos, nos dan un corazón, pero nos lo dan incompleto para que lo vayamos llenando, para que busquemos las piezas que encajan y lo completan, ¡exactamente como un puzzle! Yo lo he llenado con mi familia, con mis amigos, mis amigas, con las cosas que me gustan y personas a las que quiero, aprendiendo a quererme a mí misma, pero hay un trocito del puzzle que todavía sigue vacío. Ahora sé que él es la pieza que completa mi felicidad."

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